9 Jul 2020 | Pronunciamiento de WOLA

Miembros del BID deben buscar un candidato latinoamericano para el próximo presidente; posponer el voto hasta que pasen las elecciones estadounidenses

A finales de junio, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos anunció que el gobierno estadounidense tiene la intención de nominar a Mauricio Claver-Carone para la presidencia del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Los presidentes cumplen un mandato de cinco años; el presidente actual del BID, Luis Alberto Moreno de Colombia, se prepara para jubilarse en septiembre después de cumplir tres mandatos. La nominación de Claver-Carone plantea graves preocupaciones que incluyen lo siguiente:

1.) La nominación viola la norma no escrita, pero respetada, por la cual el BID debería ser liderado por un latinoamericano, con un ciudadano estadounidense como vicepresidente ejecutivo.

Este ha sido el caso desde que se fundó el BID en 1960. Se refleja el reconocimiento de un banco multilateral, cuya función formal es otorgar préstamos para el desarrollo en América Latina, y debería ser dirigido por una persona de la región.

Tal opinión es compartida por muchos expertos y líderes políticos. Cinco ex-presidentes latinoamericanos escribieron una carta abierta sobre este tema la semana pasada. La junta editorial del Financial Times exhortó a los países miembros del BID a “unirse detrás de un candidato latinoamericano bien calificado con la experiencia y la estatura para liderar al BID en un momento crítico. El multilateralismo es importante.”

Sin embargo, grupos de la sociedad civil han tenido críticas del BID y de otras instituciones financieras internacionales desde hace mucho tiempo, sobre temas que van desde la política ambiental y de desarrollo, hasta la consulta con la sociedad civil y el papel que juegan los países desarrollados en la gobernanza de tales instituciones. Pero el impulso del gobierno de los Estados Unidos para nombrar un director estadounidense del BID crea problemas aún mayores: disminuye el multilateralismo, obstaculiza las reformas positivas de las instituciones financieras internacionales, y socava la influencia de otros países en el sistema además de los Estados Unidos.

2.) El nombramiento de un director estadounidense, justo antes de una elección presidencial, podría complicar la gobernanza del BID si hay un cambio de liderazgo en los Estados Unidos.

Con unas reñidas y disputadas elecciones presidenciales y para el Congreso de los Estados Unidos, se debe esperar hasta que haya mejor claridad sobre el liderazgo en el país, para así asegurar que habrá una gobernanza más efectiva dentro del BID.

Esto es especialmente relevante dado que el gobierno estadounidense también tiene que nominar a un nuevo vicepresidente ejecutivo del BID (el actual ocupante del segundo puesto más alto del banco está desempeñando un cargo interino). En un posible escenario, un ciudadano estadounidense ocupando la presidencia del BID, nombrado por una administración, podría chocar con un vicepresidente ejecutivo nombrado por otra administración diferente. Sobre todo dadas las posibles diferencias de cómo tratarán temas de multilateralismo y política económica.

No hay ninguna desventaja significativa en esperar hasta que pasen las elecciones en los Estados Unidos para nombrar a un sucesor permanente al Presidente Moreno. Anteriormente, han habido brechas entre la salida de un presidente del BID y la selección de un sucesor. Por lo tanto, un aplazamiento de las elecciones no plantaría grandes problemas para la operaciones internas del BID.

Los conflictos internos dentro del BID obstaculizarían el papel que el banco, a pesar de las legítimas críticas, tendrá que jugar para ayudar a una región a recuperarse de los impactos del COVID-19. Actualmente, deberíamos tomar las medidas necesarias para evitar problemas innecesarios de gobernanza en el futuro.

3.) La visión de Claver-Carone para el BID y su papel en América Latina podría ser profundamente divisiva.

Claver-Carone es una figura polarizante en los debates sobre la política exterior estadounidense hacia Venezuela y Cuba. Aunque varios grupos de la sociedad civil han criticado al BID por perseguir estrategias del dicho “Consenso de Washington”, el Banco generalmente ha evitado acusaciones de que haya cometido actos de favoritismo político entre los gobiernos. Los derechos humanos y las condiciones de gobernanza democrática deben desarrollarse de tal manera que garantice la independencia política. Dada la historia de Claver-Carone, y los antecedentes de la administración de Trump hacia el multilateralismo, el liderazgo del BID podría enfrentar conflictos internos significativos, lo que no sería buen augurio para el futuro de las instituciones multilaterales en el hemisferio.

La nominación de un candidato estadounidense para el BID, justo antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, no tiene precedentes. Esto plantea preguntas serias sobre el liderazgo y la gobernanza del BID, preguntas que los senadores principales en el Congreso estadounidense han repetido en varias ocasiones.

Los socios del BID y los países miembros deben posponer cualquier decisión hasta después de las elecciones estadounidenses en noviembre. Así se evitará una situación en la que el BID enfrentaria desafíos de liderazgo y gobernanza.

Además, los socios del Banco deben respetar la tradición de nombrar un líder latinoamericano, para así preservar el multilateralismo y el pluralismo político en el BID.