5 Jan 2012 | Análisis

Ahora los cubanos pueden ser dueños y vender sus propias casas

Por Geoff Thale

En mayo de 2011, WOLA llevó una delegación a Cuba para observar los cambios en la economía y el ámbito laboral, justo después de que el Congreso del Partido aprobó (en principio) la venta de residencias por individuales. Para nosotros y otros observadores, parecía en ese momento representar un evento significativo en los procesos de cambio económico en Cuba. (Uno de los participantes de la delegación formaba parte de la industria de la construcción y me fue fascinante verlo imaginar el mercado de la remodelación de viviendas que emergería luego que los dueños de las viviendas puedan venderlas y comprar otras, en lugar de tener que ir mediante la dificultosa “permuta”—el proceso de intercambio de residencias.) Mientras algunos estaban escépticos a los cambios prometidos por el partido del congreso, la bloggera disidente Yoani Sánchez escribió que “cuando el reporte final estableció que la compra y venta de las casas había sido permitida y que solo necesitaba ser legalmente implementada, cientos de miles de cubanos sintieron un suspiro de alivio.”

Luego, hace unas semanas, se anunció que a partir del 10 de noviembre del 2011, las regulaciones estarían listas para que la venta de residencias privadas pudiera comenzar. Mientras los escépticos, desde Barack Obama hasta Marco Rubio, han expresado sus dudas sobre el compromiso de Raúl Castro con el cambio, la implementación de la venta de viviendas es un indicador importante de que el gobierno actual cubano está tomando cautelosos pero serios pasos para liberalizar la economía.

De hecho, estas regulaciones representan solo un aspecto de una serie de ajustes en el sistema económico cubano (el más reciente permite las ventas directas de productos frescos, por parte de pequeños productores a restaurantes en la industria turística; estos restaurantes anteriormente solo podían comprar estos productos de las empresas del gobierno). Ninguno de estos cambios, por sí solo, transforma las cosas. De hecho, el gobierno cubano y el partido comunista cubano están buscando modificar, en lugar de reemplazar su sistema económico y ciertamente no están implementando el tipo de medidas abruptas que se establecieron de la noche a la mañana para cambiar la economía en Europa del Este. Sin embargo los pasos que se están tomando parecen ser parte de un proceso real de una reforma gradual, con el objetivo de encaminar a Cuba hacia una economía más mixta.

Tal como el profesor Carlos Alzugaray de la Universidad de la Habana recientemente mencionó, la transformación de la economía de Cuba está siendo manejada “sin prisa pero sin pausa”. Esta descripción de una economía en un proceso de transición gradual coincide con lo que observamos en Cuba y con lo que hemos redactado en este sitio de web. También, es reflejado en un reciente reporte del Centro para la Democracia en las Américas, el cual argumenta que “las reformas de hoy están liderando la aparición de agentes económicos independientes y una descentralización de la toma de decisiones sobre las políticas que una vez estuvieron en manos de la Habana.¨ Estos cambios están propiciando que algunos cubanos digan que se sienten más dueños de sus vidas.

Algunos críticos—en su mayoría fuera de Cuba—argumentan que ningún cambio en Cuba es significativo, a menos que haya un cambio radical que transforme la sociedad económica y políticamente de la noche a la mañana. Es, sin duda, importante para continuar el llamado a Cuba por la expansión de la libertad de expresión, la libre asociación y otros derechos políticos. De igual manera es importante observar que las pruebas sugieren que la mayoría de cubanos quiere reformas económicas que abran las posibilidades para mejorar su nivel de vida y un sistema político que escuche y responda a esta demanda. Al mismo tiempo, los cubanos quisieran preservar las protecciones sociales a las cuales se han acostumbrado y no buscan cambios que las amenazarían. Entonces, el enfoque paulatino del gobierno cubano se abre a la crítica legítima de que no está haciendo lo suficiente sobre los derechos humanos y que refleja el conservatismo que prevalece entre los líderes del partido (así como los probables resultados del deseo de varios líderes por mantenerse en el poder). Pero también parece reflejar la realidad de que los cubanos quieren la reforma económica así como la continuidad de las protecciones sociales. (El enfoque paulatino también refleja la realidad de que el desarrollo de la capacidad reguladora para supervisar la creación de nuevos mercados es un reto extraordinario para el aparato gubernamental).

Las autoridades cubanas caminan sobre una cuerda floja mientras intentan implementar una reforma económica. Esto es evidente en la complejidad que conlleva crear un mercado de viviendas. Permitirles tener solamente una residencia permanente y una vacacional es una medida del gobierno para evitar el desarrollo de un mercado especulativo. (Phil Peters ha destacado que el gobierno de Castro ha creado vastas nuevas cantidades de capital en forma del valor de las viviendas; este capital significa que los nuevos mercados están siendo creados y distintos intereses serán ejercidos en estos nuevos mercados.) Aplicar la ley será difícil, y es fácil imaginar todas las maneras en las que las personas tratarán de evitar las nuevas reglas. Es casi seguro que, por ejemplo, las personas con dinero enviado por sus parientes en Miami intentarán comprar varias propiedades usando un testaferro y luego alquiler sus propiedades. Así, la capacidad del gobierno cubano para implementar esta regla de manera que sea ambas aplicable y aplicada mostrará mucho sobre los prospectos de una buena administración en la apertura a una economía mixta en general.

Lo que el gobierno cubano está haciendo es de manera general bien recibido por el pueblo cubano (de hecho, el descontento popular ha forzado que los cambios procedan a paso lento en lugar de a un ritmo acelerado). Una reciente encuesta de Freedom House destacó que los cubanos se sentían mucho más optimistas sobre su futuro y sobre los cambios que el gobierno cubano está realizando a la economía del país. Qué tan lejos irán estos cambios y hasta qué punto el gobierno cubano tenga control del proceso continúan siendo preguntas en el aire.

Aunque vemos los cambios en la economía como positivos y pragmáticos, debemos reconocer que no necesaria o automáticamente se traducen en una apertura política. De cierta manera el proceso económico de liberalización puede guiar a la descentralización política y a la apertura de los espacios para la toma de decisiones locales y la participación pública. Pero apertura económica y apertura política no son sinónimas. (Por ejemplo, varios líderes militares en Cuba apoyan las reformas del mercado pero tienen un limitado compromiso con la democracia). Si las iniciativas por una mayor participac
ión política, competencia política, y la apertura a un debate acompañarán los pasos del gobierno cubano hacia una economía mixta, es algo que aun está por verse. (La conferencia que ofrecerá el Partido Comunista Cubano a inicios del 2012 sobre algunas de estas cuestiones, y sus resultados dará algunos indicadores sobre la trayectoria del cambio político).

Es importante reconocer que la capacidad de los Estados Unidos de jugar un papel propositivo en este proceso y asegurar que una significativa democratización acompañe la liberalización política es extremadamente limitada. El embargo de Estados Unidos y la prohibición de viaje, junto con los programas contraproducentes de USAID de “promoción de la democracia” han tenido consecuencias irónicas, excluyendo a los Estados Unidos del proceso de cambio real que está sucediendo en Cuba. (Los límites de la capacidad de los Estados Unidos para tener un intercambio constructivo con Cuba han forzado a varios analistas a observar enfoques alternativos que quizá puedan ayudar a integrar a Cuba de manera exitosa a la economía global, a pesar del embargo. Por ejemplo, algunos analistas han propuesto además, un intercambio con las instituciones financieras multilaterales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, un tema que ha sido explorado en un reciente reporte del Brookings Institute.)

Aun así, existe una vía para un intercambio significativo que permanece abierto en la sociedad civil estadounidense y el gobierno—intercambios culturales, académicos e interpersonales—los cuales pueden fomentar la confianza y entendimiento mutuo aun cuando las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba siguen estancadas. Mientras el gobierno cubano continúa su camino de reformas cautelosas y pragmáticas, estos tipos de intercambio serán cada vez mas importantes para los ciudadanos de los Estados Unidos que quieren entender qué es lo que sucede en Cuba y también para expandir los lazos entre los actores de la sociedad civil de ambos países.

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Geoff Thale es el director de programas en WOLA. Sr. Thale ha estudiado asuntos cubanos desde los mediados de los años 90, ha viajado a Cuba en múltiples ocasiones, y ha organizado delegaciones de académicos y miembros del Congreso para viajar a la isla.