7 Mar 2013 | Análisis

Cinco mitos sobre la seguridad fronteriza

La idea de “asegurar la frontera” ha sido propuesta como una precondición para reformar el sistema de inmigración. Pero en el debate de hoy, existe una brecha peligrosa entre la retórica y la situación real de la seguridad en la frontera. El proyecto de WOLA sobre seguridad fronteriza ha estado estudiando la frontera entre los EE.UU y México durante dos años. Aquí se encuentran cinco mitos que hemos escuchado.

1. El gobierno federal no está haciendo lo suficiente para asegurar la frontera.

En los últimos años, los esfuerzos federales para la seguridad fronteriza han aumentado dramáticamente. El número de agentes de la Patrulla Fronteriza se ha multiplicado más que cinco veces en las últimas dos décadas. Para finales del 2011, habían 18,506 agentes de la Patrulla Fronteriza a lo largo de la frontera de Estados Unidos de América y México, aumentado de los 9,891 en el 2005 y los 3,555 en 1992. La Oficina de Aire y Marina de Protección Fronteriza y Aduanas tiene ahora más que 290 aeronaves a su disposición, incluso siete dronos Pedrator patrullando la frontera de EE.UU y México.

Varias agencias de seguridad han crecido con tanto rapidez que los enredos administrativos y entre agencias pueden plantear el mayor desafío hoy en día. Cada agencia que opera en la frontera tiene su propia capacidad de inteligencia, incluso la Agencia de Control de Drogas (Drug Enforcement Administration, DEA), el FBI, el Departamento de Defensa y los gobiernos estatales. Esto ha llevado a una abundancia de fuerzas especiales, centros de fusión y oficinas de enlace dirigidas para hacer que las agencias que están creciendo tan rápido compartan información entre ellas.

2. La migración a través de la frontera está aumentando.

Toda la evidencia sugiere que los flujos migratorios desde México han disminuido. Las detenciones de migrantes indocumentados en la zona fronteriza, la mejor aproximación de los flujos, cayeron por el 61 por ciento entre 2005 y 2011. (Aún estamos esperando los datos oficiales del 2012.) Como resultado, el número anual de detenciones de migrantes por agentes de la Patrulla Fronteriza disminuyó de 123 en 2005 a sólo 20 en 2011. Añadir más agentes de la Patrulla Fronteriza no sería rentable y podría resultar, en cambio, en rendimientos descrecientes.

Aunque la migración ha disminuido, el viaje se ha vuelto más mortal. Conforme se han cerrado algunas de las rutas, los migrantes han sido llevados a áreas más remotas y peligrosas. En el área de Tucson, por ejemplo, el número de muertes de migrantes ha disminuido en relación con el número de migrantes detenidos, indicando un mayor peligro de morir por deshidratación o exposición en un desierto remoto e inhóspito.

3. La violencia en México está derramándose al otro lado de la frontera.

Los índices del crimen violento se han disparado en el lado mexicano de la frontera en los últimos años como resultado de la lucha entre los grupos del crimen organizado. Los homicidios relacionados con los seis estados norteños de la frontera de México han sido responsables de aproximadamente el 25 por ciento del total del país para el 2012.

Sin embargo, esta violencia no ha cruzado al lado estadounidense de la frontera. De acuerdo con los Reportes del Crimen Uniformado del FBI, las tasas de homicidios y crímenes violentos para todas las ciudades estadounidenses dentro de las 100 millas de la frontera están por debajo del promedio nacional de Estados Unidos, por debajo de los promedios de sus estados y casi una veinteava parte del promedio de las ciudades de lado de México. El Paso, el cual tiene la tasa de homicidios más baja de todas las ciudades estadounidenses de casi 500,000 habitantes, se asienta al otro lado del Río Bravo de la Ciudad Juárez de México, en lo cual 2010 había estado entre las tasas de homicidio más altas en el mundo. Los líderes civiles y empresariales del área fronteriza están enojados justificablemente con los políticos—en algunos casos los gobernadores de sus propios estados—quienes muestran sus ciudades como zonas de guerra.

4. Los migrantes de hoy pueden ser desalentados por leyes y políticas más duras.

La aumentación de seguridad estadounidense de los últimos años no es quizá la razón principal de por qué menos migrantes están intentando ingresar al territorio estadounidense a través del desierto. Un factor de al menos igual importancia es el estancamiento del mercado laboral de Estados Unidos de América desde la crisis financiera de 2008. Mientras tanto, México ha estado mostrando tasas de crecimiento más altas que Estados Unidos de América y se ha sometido a importantes cambios demográficos, como la caída dramática en el número de hijos por familia.

Un número inferior de posibles migrantes reportan haber sido disuadidos por las políticas más duras, pero un porcentaje creciente de migrantes ha sido llevado por motivaciones como la reunificación de la familia. De acuerdo con ICE, durante los primeros seis meses de 2011, el 22 por ciento de los migrantes deportados—un total de 46.486 personas—dejó detrás a hijos ciudadanos estadounidenses. Es difícil imaginar que una madre separada de sus hijos o un esposo de su esposa se quedarían lejos debido a una política de cero tolerancia del gobierno federal.

5. La migración es el desafío político más apremiante a lo largo de la frontera.

Uno de los mayores desafíos hoy en día son los puertos de entrada sobre abrumados y con personal insuficiente. Aunque la Patrulla Fronteriza—la cual opera entre los puertos de entrada—se duplicó desde 2005, los empleados de la Oficina de Operaciones de Campo de CBP, la cual entrevista e inspecciona a todas las personas que intentan cruzar, creció solo el 15 por ciento, a casi 5.700. Como resultado, las esperas en la frontera duran rutinariamente una o dos horas agobiantes. La mayoría de las drogas contrabandeadas a Estados Unidos continúan pasando a través de estos puertos de entrada. La evidencia sugiere que las drogas están fluyendo al menos tanto como siempre: las incautaciones fronterizas de metanfetamina, heroína, marihuana y éxtasis están en aumento, lo que indica que los traficantes están muy activos. Para hacer frente a este problema con eficacia, la inversión adicional en la seguridad fronteriza necesita ir a los agentes en los puertos de entrada, no en la Patrulla Fronteriza entre ellos.

Además, existen asuntos humanitarios relacionados con las crecientes cifras de deportaciones y con el tratamiento de los migrantes. Por ejemplo, la creciente evidencia indica que medidas extra legales están siendo aplicadas comúnmente para hacer con deliberación que la experiencia de la deportación sea humillantes e incluso hasta abusiva. En 2011, una coalición de grupos defensores con sede en Arizona encontró en un estudio que más del 10 por ciento de los 12.895 individuos entrevistados sufrieron abuso físico, junto con la negación rutinaria de agua y alimentos, privación deliberada del sueño, separación de las familias, incapacidad para devolver las pertenencias personales y otras violaciones de los derechos y la dignidad mientras estuvieron detenidos. Los métodos preferidos para la deportación incluyen ahora el abandono de migrantes adultos masculinos en ciudades mexicanas peligrosas en medio de la noche donde los albergues y los servicios están cerrados y donde los migrantes no tienen redes de apoyo y están más vulnerables al crimen organizado.

Adam Isacson y Maureen Meyer son expertos en seguridad y relaciones de Estados Unidos de América y México. En 2012, fueron autores de Más all
á de la escalada de seguridad: La seguridad y los migrantes a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México
y publican frecuentemente sobre temas de  seguridad fronteriza y migración en www.BorderFactCheck.org.

Traducido por Marcela Andere.