26 Oct 2012 | Análisis

Cuba en el debate presidencial

Por Geoff Thale

El tercer debate presidencial, sobre la política exterior, entre el Presidente Barack Obama y el ex gobernador Mitt Romney ofreció algunos intercambios animados sobre Libia, Siria, Irán, el tamaño de la armada de los EE.UU y los maestros.   

Sin embargo, en el debate no hubo casi nada acerca de Cuba. Mitt Romney se quejó, de paso, que el Presidente Obama estaba dispuesto a hablar con Fidel Castro (como parte de una queja más amplia que el Presidente ha sido demasiado complaciente con los gobiernos con que Estados Unidos está en desacuerdo). Sin embargo, Obama no respondió y, más allá, el tema no fue planteado. Esta ausencia es sorprendente, sobre todo porque el debate sobre política exterior tuvo lugar en la Florida. 

Pero no siempre ha sido así.

En 1992 el entonces candidato Bill Clinton expresó su apoyo para la Ley para la Democracia Cubana, una medida para reforzar aún más el embrago contra Cuba, mientras hacia campaña en la Florida; el Presidente George H.W. Bush anunció su apoyo a la Ley para la Democracia Cubana poco después. En 2000, Al Gore enfrentó mucha oposición por parte de la comunidad cubana-americana debido a la crisis de Elián González. En un esfuerzo para atraer el voto cubano-americano, su candidato a la vicepresidencia, Joe Lieberman, visitó la tumba de Jorge Mas Canosa, el fundador de lo que entonces era la más importante organizacióncubana-americana a favor del embargo.

En el debate, el tema apenas se acercó. Ninguno de los candidatos buscaron ventajas políticas de golpear a Cuba o trotando a cabo sus credenciales “anticastristas”.

¿Qué pasó?

Hay unas repuestas obvias. Los candidatos querían centrarse en la política doméstica y en la economía estadounidense, y en varias ocasiones intentaron guiar la conversación lejos del asunto de la política exterior. Y las discusiones de política exterior que sí tomaron lugar, eran sobre temas internacionales de alta perfil, como Irán, Afganistán, Siria, Libia y China. América Latina no apareció en la agenda.

Pero el silencio sobre Cuba también refleja algunas cambiantes dinámicas políticas.

Primero, el intento del Presidente Obama de suavizar las tensiones entre Estados Unidos y Cuba, y en particular su relajación de las restricciones de viaje para los cubanos-americanos, no son particularmente polémicos, incluso en el sur de Florida. La campaña de Romney no ve mucho de ganar en enfatizar las diferencias sobre este tema

Segundo, la demografía de la comunidad cubana-americana, que ha ido cambiando durante varios años, finalmente está teniendo un impacto en la arena electoral (por ejemplo, la contienda entre el Representante cubano-americano David García, quien es de línea dura, y el retador cubano-americano Joe García, quien es más moderado, está muy cerrada). Los exilios cubanos de línea dura más viejos han ido perdiendo terreno frente a los votantes más jóvenes y los votantes nuevos, que están más preocupados por la política domestica y que quieren tener la oportunidad de visitar a sus familiares en Cuba. Estos votantes más nuevos no son necesariamente amigos del régimen cubano, pero golpeando a Castro no les interesa tanto y no gana sus votos.

La disminución de la prominencia de Cuba como un asunto de política doméstica es un signo alentador. Esto sugiere que, con el tiempo, podríamos ser capaces de tener una discusión más racional sobre los intereses de Estados Unidos, los cambios que se están produciendo en la propia Cuba y cómo Estados Unidos puede jugar un papel constructivo en la mejora del clima de los derechos humanos y la democracia en Cuba.

Geoff Thale es Director del Programa de WOLA. Sr. Thale ha estudiado los problemas de Cuba desde mediados de la década de 1990 y ha viajó a Cuba más de una docena de veces, incluyendo la organización de las delegaciones de académicos y miembros del Congreso.

Photo por OpenDemocracy