6 Jun 2014 | Análisis | Noticias

Desafíos del nuevo gobierno de El Salvador

El domingo, el 1 de junio, Salvador Sánchez Cerén asumió el cargo de Presidente de El Salvador. Sánchez Cerén, del partido FMLN, es un ex maestro que se convirtió en activista de un sindicato de maestros, y luego fue uno de los cinco comandantes de la fuerza guerrilla que luchó por doce años en la guerra civil contra el gobierno de El Salvador apoyado por Estados Unidos en los años 80.

Sánchez Cerén toma la oficina después de ganar la segunda vuelta de la elección este marzo pasado. Su victoria electoral marca un cambio decisivo de su partido, que ha pasado de ser una fuerza de oposición a ser un competidor maduro; también marca un cambio de la cultura política salvadoreña, que ha aceptado los actores políticos de la izquierda como participantes en el proceso político y como un partido gobernante.

Gobernar el país supondrá un desafío para Sánchez Cerén y su partido político. Su estrecha victoria le obligará al presidente comunicar con los sectores de la comunidad empresarial y con la derecha política. Establecer esta comunicación será un proceso difícil porque ARENA y FMLN tienen sectores que desconfían del otro partido y se resisten entablar un debate con el otro partido. Por lo menos al principio, Sánchez Cerén y los otros miembros del gobierno han hecho esfuerzos para empezar un proceso de comunicación. Es probable que el presidente necesite traer elementos de su propio partido, y que la presión internacional y doméstica sea necesaria para que sigan participando algunos sectores de las élites tradicionales.

Además de la necesidad de gobernar eficazmente y dialogar con la oposición, la nueva administración enfrentará otros grandes desafíos políticos.

El nuevo gobierno de El Salvador tendrá que enfrentar los grandes problemas del crimen y la inseguridad. El índice nacional de homicidio, que bajó hace tres años como resultado de una tregua controvertida, ha crecido de nuevo como resultado de la erosión de dicha tregua. El Salvador enfrenta problemas con las pandillas juveniles, la extorsión, el tráfico de drogas, la corrupción, el lavado de dinero, y un sistema de justicia penal que requiere reforma. En una columna del periódico salvadoreño El Faro, el analista Miguel Cruz describe los desafíos que enfrenta el país y lo que se requiere del gobierno salvadoreño para promulgar iniciativas significativas para controlar el crimen y la violencia.

Los iniciales son alentadores. En su discurso inaugural, el Presidente Sánchez Cerén discutió la necesidad de tener un método completo para combatir el crimen y la violencia. Este método reconoce la importancia de los enfoques comunitarios y la necesidad de depurar elementos corruptos de la policía.

Además de los problemas de inseguridad, la economía salvadoreña ha sido floja durante los últimos años y enfrenta problemas significativos de déficit. Además de mantener los programas sociales populares sobre los cuales hizo campaña, el gobierno tendrá que realizar reformas fiscales y tributarias y buscar nuevas fuentes de financiamiento internacional. La reforma fiscal y tributaria no será un proceso fácil; por mucho tiempo los sectores de la comunidad empresarial y de las élites han sido reluctantes de apoyar las reformas presupuestarias y los aumentos de los impuestos que requiere un estado democrático moderno.

El financiamiento internacional planteará una serie de problemas. Debates con las instituciones financieras internacionales pueden ser difíciles, dependiendo de las condiciones ofrecidas. Recientemente El Salvador ingresó a PetroCaribe, el programa venezolano que proporciona el petróleo en condiciones preferenciales de pago (de que Honduras, Nicaragua y la mayoría de los estados caribeños ya son miembros), y es probable que la administración de Sánchez Cerén busque liberalmente el financiamiento. El gobierno también está tratando de afinar los detalles para la aprobación de la segunda beca de la Corporación del Desafío del Milenio. La aprobación definitiva de la beca se ha retrasado varias veces por la preocupación de unas agencias estadounidenses.

Como la mayoría de los países de Centroamérica, El Salvador enfrenta una serie de dificultades criminales, políticas y económicas. Estados Unidos y la comunidad internacional deben apoyar a El Salvador y ser flexible mientras que el nuevo gobierno intente resolver estos problemas graves.