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26 Feb 2015 | Informe

En la primera línea: seguridad fronteriza, migración y preocupaciones humanitarias en el sur de Texas

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Estados Unidos fracasa en responder al cambio en los patrones de migración y a la urgente situación humanitaria en la frontera

Con el Congreso de los Estados Unidos debatiendo el proyecto de ley de financiación del Departamento de Seguridad Interna, el tema de la seguridad fronteriza ha tomado mucha atención. Pero mientras que algunos en Washington discuten sobre una “crisis” indefinida en la frontera, la realidad es que se está desarrollando una situación menos conocida pero más sombría a lo largo de un tramo de 150 millas de la frontera entre los Estados Unidos y México, en la región del Valle del Río Grande de Texas.

Hoy WOLA publica un nuevo informe titulado, On the Front Line: Border Security, Migration, and Humanitarian Concerns in South Texas (En la primera línea: seguridad fronteriza, migración y preocupaciones humanitarias en el sur de Texas), el cual ilustra gráficamente los obstáculos que enfrentan los migrantes y los funcionarios de aplicación de la ley y seguridad fronteriza que se encuentran en esta franja de tierras áridas.

Para los migrantes, la densa vegetación y el sol incesante del Valle del Río Grande representa un gran riesgo para su seguridad. Esta región ahora registra el mayor número de migrantes que mueren de deshidratación y sobre exposición, por lo que el área se ha vuelto la más letal entre los nueve sectores en los que la Patrulla Fronteriza divide la frontera entre los Estados Unidos y México. Este es un cambio respecto a años anteriores, cuando el sector de Tucson en Arizona registraba el máximo número de muertes de migrantes.

El rápido aumento de las muertes de migrantes en el sur de Texas tomó a las autoridades por sorpresa y, a pesar de los esfuerzos de búsqueda y rescate de la Patrulla Fronteriza, gran parte de la carga de mitigar las muertes y de manejar y procesar los restos encontrados ha recaído injustamente en los gobiernos locales. Según Maureen Meyer, Coordinadora Principal del Programa de WOLA sobre México y Derechos de Migrantes, “Mientras Washington se encuentra atorado en sus discusiones, los condados fronterizos del sur de Texas están siendo rebasados pues carecen de fondos federales para manejar adecuadamente los restos de migrantes e identificar aquellos que han perecido”.

La Patrulla Fronteriza también carece de recursos para lograr agilizar sus operaciones. Acontecimientos recientes muestran que los agentes deberían de ser desplegados con más flexibilidad para poder responder a los cambios en los patrones migratorios. “La Patrulla Fronteriza ha duplicado su tamaño en los últimos diez años. No necesita seguir creciendo a nivel nacional, lo que necesita es poder ser capaz de mover al personal existente a las áreas en la frontera que tienen más flujo”,dijo Adam Isacson, Coordinador Principal del Programa de WOLA sobre Seguridad Regional. “El Departamento de Defensa tiene bastantes fondos para transferir a sus soldados y apoyarlos en sus nuevas ubicaciones. El Departamento de Seguridad Interna no cuenta con esto. Los agentes de la Patrulla Fronteriza necesitan un apoyo similar cuando sean transferidos, porque dado el gran aparato de seguridad que Estados Unidos mantiene en la frontera, los patrones migratorios van a seguir cambiando”, dijo Isacson.

El informe de WOLA muestra que aquellos migrantes que son detenidos en el Valle del Río Grande, se enfrentan a una serie de desafíos. Muchas familias centroamericanas que llegan a la frontera son colocados en centros de detención que rara vez cuentan con atención médica y representación legal adecuados. Aunque los niños migrantes centroamericanos no acompañados sean acomodados eventualmente con algún familiar o patrocinador, muchos de sus procesos migratorios los enfrentan sin representación legal, lo que reduce drásticamente sus posibilidades de recibir algún tipo de alivio migratorio.

Los niños migrantes mexicanos, en comparación, no reciben automáticamente la oportunidad de presentar su caso ante un juez. En vez, los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza determinan si estos niños son víctimas de trata o persecución, por lo cual la mayoría son deportados rápidamente a veces a las situaciones peligrosas que intentaban escapar con su decisión de migrar al norte.

El Valle del Río Grande de Texas está en frente a lo que hoy es el sector más violento de la zona fronteriza en México: las ciudades de la frontera en el estado de Tamaulipas, México. Aunque la situación de seguridad en Tamaulipas empeoró en el 2014, esta área continuó recibiendo la mayor parte de los ciudadanos mexicanos deportados por Estados Unidos. Los migrantes deportados a Tamaulipas enfrentan graves peligros, y con frecuencia son víctimas de secuestro, extorsión o del reclutamiento forzado por parte del crimen organizado.

El informe de WOLA señala la necesidad de abordar mejor estos temas y ofrece una serie de recomendaciones para México y para Estados Unidos sobre cómo responder más eficazmente a la realidad que vive esta área, los cambios en la inseguridad y la migración, y las necesidades humanitarias urgentes de los migrantes en el Valle del Río Grande.

Para leer el informe, haga clic aquí (sólo disponible en inglés).