18 Jul 2013 | Análisis

Las nuevas cooperativas cubanas

 

Por Clay Boggs

El 1 de julio el gobierno de Cuba anunció en Granma, su diario oficial, el lanzamiento de 124 empresas cooperativas.  Estas nuevas cooperativas incluyen empresas en los ámbitos de la construcción, el transporte, la gestión de basura, y los mercados agrícolas; sin embargo, casi todas las nuevas cooperativas serán de los mercados agrícolas.    

Este anuncio, como muchos anuncios del gobierno cubano en los últimos años, fue anhelado. La expansión de las cooperativas fue previsto en Lineamientos de la Política Social y Económica del Partido y la Revolución, un plan plurianual del gobierno cubano para reformar la economía cubana, y oficiales del gobierno cubano han dicho que las cooperativas recibirían un tratamiento más favorable que las empresas privadas porque son "más socializadas" que ellas. El gobierno cubano reconoce que necesita reducir su sector estatal, que es demasiado grande e ineficiente, pero tiene mucho escepticismo sobre el sector privado; ellos ven las cooperativas como una posible solución de compromiso. 

Este experimento enfrenta retos importantes.

En primer lugar, no hay ninguna garantía que las cooperativas serán más productivas que las empresas estatales a las que sustituyen. Las cooperativas tradicionales de crédito y servicio, las granjas estatales que se convirtieron en cooperativas, y las empresas híbridas (una mezcla de empresas estatales y cooperativas) han existido en el sector agrícola cubano por décadas. De hecho, las cooperativas representan el 77 por ciento de la producción agrícola en el país. No obstante, estas cooperativas—especialmente las granjas estatales que convirtieron en cooperativas—sufren de ineficacia y baja productividad: Cuba importa la mayoría de sus alimentos, y la producción sigue siendo baja a pesar de los recientes intentos del Presidente Raúl Castro por reformar el sector. Y es poco probable que las nuevas cooperativas estén libres de la interferencia del Estado; de hecho, algunos serán creados por los gobiernos locales o las empresas estatales.

En segundo lugar, no hay ninguna garantía que las cooperativas serán mejor para los derechos laborales que las empresas privadas. La experiencia internacional demuestra que hay una gran variación en la gestión y las estructuras de propiedad de las cooperativas. Los trabajadores en algunas cooperativas sí tienen una mayor participación en la toma de decisiones, mejores salarios y mejores condiciones de trabajo. Pero en la práctica, algunas cooperativas funcionan exactamente como las empresas privadas. ¿Qué tipo de cooperativas surgirán en Cuba? ¿Cómo resultarán los experimentos iniciales? Estas preguntas sigue siendo abiertas. Idealmente, las cooperativas podrían desarrollarse como pequeñas y medianas empresas que se gestionan eficientemente y en beneficio de todos sus miembros. Sin embargo, si el gobierno regula las cooperativas menos estrictamente que las empresas privadas, se corre el riesgo de que los trabajadores de las cooperativas puedan terminar siendo más vulnerable en la práctica que los de las empresas privadas. (Este problema ya ocurre en el sector de "cuentapropismo." A contrario a lo que indica su nombre oficial, este sector incluye tanto los empleadores como los empleados. Sin embargo, dado que todos técnicamente son autónomos, los empleados no están protegidos por las mismas regulaciones laborales que los empleados estatales. Hay que abordar algunos de estos problemas en la revisión del código laboral, que queda pendiente.)

El gobierno cubano intenta conseguir un equilibrio difícil—recuperar la productividad y el dinamismo a una economía moribunda mientras limitar el poder de las fuerzas del mercado. Aun los grandes defensores de las reformas reconocen que inevitablemente habrá perdedores en este proceso, y las posibilidades de éxito no están ni mucho menos aseguradas. Esta es parte de la razón por lo cual el gobierno está avanzando tan lentamente en implementar las reformas.

Clay Boggs es Oficial de Programas en WOLA.