24 Jun 2015 | Análisis | Noticias

México intensificó sus operativos migratorios sin construir un sistema de protección adecuado para refugiados

Por Clay Boggs, WOLA, Carolina Carreño and Diana Martinez, Sin Fronteras, IAP *

Los niños siguen huyendo de El Salvador, Honduras y Guatemala, y México los está deportando en números masivos. Entre octubre de 2014 y abril de 2015 México detuvo 92.889 personas centroamericanas, más del número total de centroamericanos que detuvo la Patrulla Fronteriza en la frontera sur de Estados Unidos en este mismo periodo.

¿Por qué huyen los centroamericanos de sus países? Sin duda hay algunos que salen por la falta de oportunidades, pero no se puede negar los altos niveles de violencia en Centroamérica. Honduras y El Salvador son los países más violentos del mundo. Honduras tiene una tasa de homicidio de 68 por cada 100.000 personas. Por su parte la violencia en El Salvador va en aumento, en el mes de mayo se registraron 635 homicidios, lo cual representa la cifra más alta desde el fin de la Guerra Civil en 1992.

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En 2014, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hizo una encuesta de doscientos niños no acompañados detenidos en la Ciudad de México y Chiapas, y resultó que casi la mitad (48.6 por ciento) pudieron haber calificado para recibir protección internacional.

Hay muchas personas que no ven otra posibilidad que salir de su país para salvaguardar la vida o la libertad. El siguiente testimonio dado durante un taller brindado por la organización mexicana Sin Fronteras es parecido a muchas historias que cuentan los migrantes que salen del llamado “Triángulo Norte de Centroamérica”:

“…tenía un pequeño negocio en mi país pero los maras me pedían dinero, un año antes a mi hermano lo secuestraron, mataron a otros familiares, como no les quería dar dinero, un día le pusieron un cigarrillo de mariguana en la boca a mi hijo de forma amenazante, ese día decidí salir de mi país”.

Por su parte, Médicos Sin Fronteras, otra organización que trabaja en México con personas migrantes en tránsito, afirma que entre sus pacientes el 42 por ciento de los salvadoreños y el 32 por ciento de los hondureños han expuesto algún motivo relacionado con la violencia que se vive en sus países como un factor determinante para migrar.

Si tantas personas están cruzando México, y muchos de ellos (incluyendo por lo menos cerca de la mitad de los niños no acompañados) son posibles solicitantes de asilo, se puede decir que México ahora tiene entre sus fronteras una gran población de refugiados.

Ha habido momentos en el pasado en que México se distinguió como un país receptor de números significativos de personas refugiadas de distintos países en el mundo, especialmente de España durante la guerra civil española en los 1930s, de Chile, Uruguay, Bolivia y Argentina en los 1970s cuando estos países vivían golpes de estado y dictaduras, e inclusive de Centroamérica durante las guerras civiles de los 1980s. Pero en la crisis actual, la actuación de México ha sido distinta: en 2014 México solamente reconoció a unas 451 personas como refugiados, entre ellos 413 del Triángulo Norte, segun COMAR, (la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiados). Por razones no evidentes, la Secretaría de Gobernación (SEGOB), dío una cifra mucho más pequeña, 195, para el numero de extranjeros documentados como residente permanente por reconocimiento de refugio en 2014. Mientras, en el mismo periodo, el gobierno de México deportó a unas 107.814 personas.

Las razones que explican porque México tiene tantos posibles refugiados y tan pocos refugiados reconocidos son múltiples. Pocas personas son identificadas como posibles refugiados durante el proceso de detención. En 2014 fueron solamente 2.137 las personas que solicitaron el asilo en México, de ellos 1.769 de Honduras, Guatemala, y El Salvador. Seguramente hay miles de otros posibles refugiados que no solicitan el asilo. ¿Por qué no lo hacen?

En muchos casos, los migrantes no saben sus derechos. Durante las visitas de monitoreo a las estaciones migratorias que realiza Sin Fronteras en Palenque, Chiapas y Villahermosa Tabasco, se ha documentado que muchas de estas personas no tienen conocimiento del derecho al asilo o bien si lo saben prefieren no iniciar un procedimiento porque hacerlo significaría permanecer en detención por varias semanas hasta que COMAR emita una resolución. Si ésta es negativa y la persona desea interponer una apelación tendría que permanecer en detención lo que tarde en llegar la nueva resolución.

En una estación migratoria en Chiapas, personal de Sin Fronteras conoció a una mujer de origen Salvadoreño quien viajaba con su hijo de 8 años. Al terminar la entrevista y explicarle que ella era candidata a ser refugiada, ella abrazó a la facilitadora como si fuera un “salvavidas” y se fue llorando porque tenía que decidir entre permanecer en detención o ser deportada. En los centros de detención de Tabasco, Sin Fronteras escuchó testimonios que afirman que no les dan información sobre sus derechos, ni siquiera de la razón de la detención o el procedimiento que enfrentarían.

Otro problema que Sin Fronteras ha documentado en estos centros de detención es que las personas que sí desean iniciar procedimientos ante la COMAR son persuadidas, por las mismas autoridades, a que no lo hagan.

¿Qué se puede hacer para mejorar la situación? Por un lado, hay que dar prioridad al fortalecimiento de la COMAR: si el gobierno de México duplica el número de deportaciones, esto implica una necesidad de capacidad de protección mucho más grande. Sin embargo, la agencia solo ha crecido un cinco por ciento entre 2014 y 2015, lo cual es insuficiente. Por ejemplo, la COMAR solamente tiene quince agentes para hacer entrevistas en todo el país. Por el otro lado, y tal vez más importante, el gobierno de Peña Nieto tendría que mostrar, a través del Instituto Nacional de Migración (INM) y la COMAR,  que México sí está listo para asumir otra vez su rol histórico de país de acogedor de refugiados, y que su prioridad es  identificar y proteger a personas vulnerables, no de deportar y disuadir a las mismas.

El gobierno de Estados Unidos, por su parte, debe de reconocer que si sigue dando equipos y entrenamiento a México para asegurar su frontera, también necesita asegurar que México tenga la capacidad y voluntad política de cumplir con sus obligaciones internacionales y proteger a quienes tienen que ser protegidos.

*Sin Fronteras, IAP es una organización sin fines de lucro que trabaja  para la promoción, protección y defensa de los derechos humanos de las personas migrantes, solicitantes de asilo, refugiadas, beneficiarias de protección complementaria y apátridas en México.