AP Foto/Esteban Felix

21 Jul 2017 | Análisis

Siete realidades de la pandilla MS-13 y cómo hacerle frente a la problemática

En los últimos meses, la Mara Salvatrucha, o MS-13, ha estado en el centro del debate sobre temas migratorios en los Estados Unidos. En medio de cuatro audiencias legislativas y cobertura mediática sobre el tema, ha habido mucha información, opiniones y desinformación sobre esta pandilla en los círculos de gestores de políticas.

WOLA ha venido estudiando la violencia de las maras y pandillas, incluyendo las actividades de la MS-13, en Centroamérica por 15 años. Basado en esta experiencia, a continuación siete hechos sobre la MS-13 que son cruciales para entender la amenaza que el grupo genera, seguidos por recomendaciones sobre cómo mejor abordar la problemática en los Estados Unidos y en Centroamérica.

1) La MS-13 fue creada en los Estados Unidos, no en Centroamérica, en los años ochenta.

La MS-13 surgió en la década de los ochenta en las calles de Los Ángeles por refugiados centroamericanos y sus hijos quienes habían huido de las brutales guerras civiles en sus respectivos países. Las masivas deportaciones de jóvenes involucrados en pandillas de los Estados Unidos en la década de los noventa exportaron la cultura pandilleril estadounidense a Centroamérica. Entre 1996 y 2002, los Estados Unidos deportó alrededor de 31,000 delincuentes condenados a Centroamérica. De éstos, unos 12,000 fueron deportados a El Salvador, donde se encontraron con un país políticamente y económicamente frágil que aún se estaba recuperando de la guerra civil. Los miembros de las pandillas deportados desde Los Ángeles aprovecharon estas condiciones e hicieron uso de su estructura más profesional y unificada para acelerar el reclutamiento, consolidar pequeñas pandillas juveniles locales en grupos más violentos y organizados, y expandir a las pandillas en los grupos que hoy día controlan diversos barrios marginales en Centroamérica. Mientras tanto, la MS-13 y otras pandillas con raíces centroamericanas se extendieron de Los Ángeles hacia otras ciudades de los Estados Unidos con poblaciones inmigrantes significantes. Otras pandillas de California, como los “Bloods” y los “Crips”, experimentaron un crecimiento similar durante la misma época.

2) La niñez centroamericana está huyendo de la violencia causada por MS-13 y otras pandillas en la región; ellos no son miembros de las pandillas.

Hoy en día, muchos jóvenes en Centroamérica tienen dos opciones, unirse a las pandillas o ser asesinados. Ante la poca confianza en la capacidad de las autoridades para protegerlos, muchos jóvenes y familias que se sienten amenazados huyen de sus comunidades, a menudo hacia los Estados Unidos. Una nueva oleada de deportaciones desestabilizaría aún más las condiciones en El Salvador, Guatemala y Honduras, donde las pandillas siguen beneficiándose de la corrupción gubernamental, economías de lento crecimiento y la falta del Estado de derecho. De todos los menores no acompañados aprehendidos en la frontera sur de los Estados Unidos desde 2011, el 0.02 por ciento son sospechosos o están confirmados de tener vínculos con pandillas en su país de origen, según la jefa interina de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos, Carla Provost.

3) La MS-13 y otras pandillas centroamericanas no están detrás del narcotráfico transnacional.

En la región, organizaciones criminales locales conocidas como transportistas son las responsables de trasladar la cocaína a lo largo de Centroamérica. En Centroamérica, la MS-13 se dedica principalmente a la extorsión; la venta de drogas constituye una parte mucho menor de las actividades ilícitas de la pandilla y ocurren principalmente a nivel local en los barrios que controlan. Según el Informe de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos del 2017 del Departamento de Estado, “las bandas callejeras criminales como la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18 todavía no parecen ser parte formal de la cadena transnacional de logística de drogas…” Como muchas otras pandillas en el país, la MS-13 en los Estados Unidos se centra principalmente en la extorsión y el narcomenudeo.

4) El número de miembros de la MS-13 representa menos del uno por ciento de todos los miembros de pandillas criminales en los Estados Unidos y Puerto Rico, y no hay indicación de que el número de miembros de la MS-13 en los Estados Unidos haya aumentado en los últimos años.

En abril, el Fiscal General de los Estados Unidos Jeff Sessions afirmó que la MS-13 ha crecido significativamente a más de 10,000 miembros. Pero esta cantidad es aproximadamente la misma que el Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigations, FBI) ha estado utilizando desde el 2006. Según el FBI, se estima que en los Estados Unidos hay alrededor de 1.4 millones de pandilleros. Eso significa que la MS-13 representa menos del 1 por ciento (0.71 por ciento) de todos los pandilleros en los Estados Unidos, conforme la estimación de 10,000 miembros.

5) En los Estados Unidos, la membresía de la MS-13 incluye a muchos ciudadanos estadounidenses y residentes legales.

El perfil de los pandilleros varía de una ciudad a otra y de una clica a otra. Además, hay una carencia de datos sobre el estatus migratorio de los miembros de las pandillas, más cabe señalar que tampoco hay evidencia de que su membresía está conformada por inmigrantes predominantemente indocumentados. En las recientes grandes operaciones anti-pandillas perpetradas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE), la mayoría de aquellos detenidos han sido ciudadanos estadounidenses. De unas 2,500 personas capturadas en operaciones importantes, 1,800–o el 70 por ciento–son ciudadanos estadounidenses.

6) El gobierno de los Estados Unidos y cuerpos policiales locales han tomado medidas significativas contra la MS-13 en el pasado.

Durante la última década, el FBI y fuerzas policiales locales en todo el país han investigado y procesado varios casos relacionados con la MS-13. En Centroamérica, el FBI estableció la Unidad Transnacional Antipandillas (TAGs) en El Salvador en el 2007. Desde entonces, se han establecido TAGs en Honduras y Guatemala. El gobierno estadounidense impuso sanciones económicas a seis líderes principales de la MS-13 en el 2013 y designó a la pandilla como una organización criminal transnacional en el 2012. Según una hoja informativa del Departamento de Justicia de abril del 2017, “A través de los esfuerzos combinados de los gobiernos federales, y cuerpos policiales estatales y locales, se lograron grandes avances en disminuir o perjudicar gravemente a la pandilla dentro de ciertas priorizadas en el país para el 2009 y 2010”.

7) No hay evidencia de que el liderazgo de la MS-13 tenga una conexión sistemática generalizada o control sobre acciones en los Estados Unidos, incluyendo la inmigración.

No existe una estructura cohesiva que une a todas las clicas de la MS-13, ya sea dentro de los Estados Unidos o entre los Estados Unidos y El Salvador. La estructura, la composición, el tamaño y el nivel de participación en actividades criminales varían mucho de una ciudad a otra y de un país a otro. Como señala InSight Crime, “En papel, la MS-13 tiene una jerarquía, un lenguaje y un código de conducta. En realidad, la pandilla está poco organizada, con células a través de Centroamérica, México y Estados Unidos, pero sin ningún único líder reconocido”. La MS-13 y el Barrio 18 de la costa oeste tienen lazos débiles con el liderazgo en El Salvador y tienen costumbre de tomar dirección de otras pandillas en centros penitenciarios de California. En la costa este, la MS-13 y otras pandillas están menos establecidas, las clicas tienen un liderazgo menos definido y las actividades están más localizadas. Según Hector Silva Ávalos, un experto en crimen organizado en Centroamérica y un becario de investigación en American University, algunas clicas tienen conexiones con la MS-13 en El Salvador y envían pequeñas cantidades de remesas al país. Sin embargo, los miembros en El Salvador no están dictando o dirigiendo la mayor parte de las actividades criminales en los Estados Unidos, ya que los crímenes violentos están relacionados con disputas internas o rivalidades entre pandillas locales.

El fin de una tregua entre pandillas en El Salvador en enero del 2014 ocurrió justo cuando se vio un aumento en los menores no acompañados que llegaron a los Estados Unidos desde Centroamérica. Al romperse la tregua, cuando líderes de clicas salvadoreñas buscaban posicionarse vis-a-vis sus rivales, algunos buscaron incrementar la comunicación y el control sobre las clicas de la costa este de los Estados Unidos. Esta estrategia fue recibida con éxito mixto y, como señala Silva, fue una dinámica completamente separada de la migración. No hay evidencia de que la MS-13 está enviando miembros o aprovechando el flujo de menores no acompañados para enviar líderes de la pandilla a los Estados Unidos.

Recomendaciones para tratar la problemática de la MS-13 y otras pandillas en los Estados Unidos

La MS-13 utiliza tácticas particularmente brutales y es un problema en comunidades específicas en los Estados Unidos. La pandilla dirige sus actividades a poblaciones vulnerables, especialmente inmigrantes indocumentados. En años recientes, ha capturado los titulares de diversos medios ante asesinatos visibles y aterradores en áreas con grandes poblaciones centroamericanas, como el Condado de Suffolk, Nueva York; el Condado de Montgomery, Maryland; y el Condado de Fairfax, Virginia.

Jefes de policía de algunos de los condados más afectados en los Estados Unidos han declarado ante la Cámara y el Senado que el camino o estrategia a seguir no es el de aumentar las deportaciones, sino más bien el de mejorar los servicios sociales, los cuales han sido seriamente reducidos, para fomentar la confianza entre la policía y las comunidades inmigrantes. Según las autoridades, estas relaciones relaciones proporcionan a sus departamentos la inteligencia necesaria para construir casos. El miedo a la deportación, a cambio, silencia a las comunidades, lo que dificulta la capacidad de las fuerzas policiales de responder efectivamente a la problemática de las pandillas.

Las autoridades policiales deben colaborar con las poblaciones indocumentadas – atacarlas probablemente perjudicará las operaciones anti-pandillas.

Jefes de policía han criticado las declaraciones que buscan negar financiamiento del gobierno federal a aquellos gobiernos locales y cuerpos policiales que no apliquen las leyes migratorias. En su testimonio ante el Senado, J. Thomas Manger, Jefe del Departamento de Policía del Condado de Montgomery, Maryland, dijo: “MS-13 se aprovecha de la comunidad de inmigrantes con las peores formas de violencia e intimidación. Por esta razón, dependemos de las víctimas y testigos para ayudarnos a identificar, rastrear y detener a los pandilleros de la MS-13…Sin la cooperación de los inmigrantes que no han cometido crímenes, nunca seríamos capaces de encontrar y detener a miembros criminales de la MS-13…El momento en que esas víctimas y testigos comiencen a temer que su policía local los deportará, la cooperación con su policía cesará”.

Ya en enero, departamentos como el Departamento de Policía de Los Ángeles señalaron que no estarían implementando las políticas migratorias del gobierno de Trump, porque hacerlo afectaría sus investigaciones. La gran mayoría de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos no son miembros de pandillas y pueden proporcionar información e inteligencia que puede ser útil para reducir la influencia o el crecimiento de las pandillas. Detener la migración irregular no hará nada para reducir las actividades criminales de la MS-13.

Se deben mejorar los servicios sociales necesarios para intervenir y prevenir el reclutamiento de la MS-13.

Menores no acompañados que emigran a los Estados Unidos son presas fáciles para pandillas como la MS-13. Son jóvenes, vulnerables y prácticamente no tienen redes sociales en un nuevo país. En general, se brindan poco o no se ofrecen servicios de seguimiento una vez un menor es s ubicado en una comunidad. Es más, los servicios sociales de los gobiernos locales han sufrido serios recortes y por consiguiente son inexistentes o se encuentran sobrecargados.

Un caso ilustrativo es la Fuerza de Tarea Regional de las Pandillas del Norte de Virginia (Northern Virginia Regional Gang Task Force), el cual brinda programas de educación e intervención. Según un reportaje del Washington Post informó el presupuesto de la fuerza de tarea fue reducido de $3 millones al año a $400,000. El presupuesto propuesto por el gobierno de Trump recortaría el financiamiento para este tipo de programas aún más.

El número de jóvenes migrantes que terminan ingresando a la pandilla una vez que han sido colocados en los Estados Unidos es pequeño. Por ejemplo, en el área de Washington DC, de los 18,000 menores no acompañados que han llegado, el Washington Post encontró que el 0.2 por ciento estuvo involucrado en violencia pandilleril en los últimos tres años. Para evitar que este pequeño número ingrese a las pandillas, los gobiernos locales deben invertir en programas escolares y comunitarios para proporcionar estructura y reducir el reclutamiento.

Soluciones locales y más enfocadas en elementos policiales, pero no deportaciones.

Además de incrementar los servicios sociales en las escuelas y en las comunidades, cuerpos policiales también han solicitado mayores recursos para crear fuerzas de tarea de pandillas a nivel local, mejorar el intercambio de inteligencia policial entre comunidades, y aumentar la cantidad de fiscales en regiones con una alta presencia de pandillas, como también mejorar los procesos de evaluación de quienes patrocinan a menores no acompañados, y mejorar los procedimientos de seguimiento a patrocinadores empleados por trabajadores sociales. Ningún jefe de policía o funcionario de seguridad pública que ha tenido que lidiar con la problemática de la MS-13 ha solicitado un incremento en las deportaciones durante las audiencias legislativas realizadas a la fecha.