26 Nov 2012 | Análisis | Noticias

Proceso de paz: Una oportunidad de cubrir el déficit colombiano hacia mujeres afrocolombianas

Por Gimena Sanchez-Garzoli, Coordinadora del Programa de los Andes

Mientras que el gobierno colombiano se está preparando a reunirse con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Habana, Cuba, a finales de este mes para la segunda fase de las negociaciones de paz, el papel de la mujer, y en particular el papel de las mujeres afrodescendientes, en garantizar un acuerdo de paz exitosa requiere el apoyo de la comunidad internacional.

Olga Ámparo de Colombianos y Colombianas por la Paz señaló que mientras que no es extraño que mujeres no estén parte de los equipos de negociaciones, mujeres no toman parte en el FARC ni en la estructura principal del mandado de las fuerzas armadas, “sí expone el déficit democrático de Colombia” de participación política de las mujeres. Aunque Colombia ha adoptado normas que favorecen a los derechos de las mujeres, en la práctica, la voz política de mujeres ha permanecido sorda,  y la exclusión de mujeres afrocolombianas es particularmente problemático. Incorporando la perspectiva de mujeres afrocolombianas en los temas debatidos en las negociaciones de paz hará más que aumentar drásticamente las probabilidades que el proceso tenga éxito. La democracia en Colombia será fortalecida con la reducción de la brecha política que existe para mujeres colombianas y las minorías étnicas, y establecerá este país de post-conflicto.

Según la Sra. Amparo, una socia de WOLA, las negociaciones de paz no van a resolver todos los problemas crónicos y sistémicos de Colombia. El resultado más probable es que se conduzca un acuerdo para poner fin al conflicto armado interno y establecer una serie de mecanismos para saber como abordar los problemas subyacentes que contribuyen al conflicto. Para que lo último ocurra efectivamente, algunos grandes desafíos deben ser abordados. En primer lugar, Colombia es un país donde se ha utilizado la violencia durante décadas para resolver las diferencias. Para cambiar esta dinámica, hay que construir una confianza entre los colombianos de todas las clases sociales. Las partes interesadas deben promover la idea de que el cambio político es posible a través de un sistema de participación democrático en la que las distintas voces dentro de la sociedad sean escuchadas y protegidas. Segundo, esfuerzos audaces deben llevarse a cabo para desmantelar las estructuras paramilitares y el crimen organizado. En tercer lugar, la opinión de la sociedad civil, especialmente de las mujeres, es necesario para ayudar a reconciliar la sociedad colombiana y para contribuir a las vías constructivas por donde se hará frente a cuestiones difíciles. Un último reto radica en la desmilitarización de la sociedad colombiana. Todas las partes del conflicto, y de la propia sociedad, deben empezar a pensar en el orden y la seguridad sin armas como el camino a seguir. Las mujeres son esenciales para garantizar que todos estos problemas sean abordados.

Tanto como activistas y como víctimas, las mujeres han jugado un papel importante en la sensibilización de como el conflicto interno armado y la violencia las ha afectado. Con el apoyo de Open Society Foundations, WOLA tuvo el privilegio de llevar a cabo talleres de cabildeo con mujeres afrocolombianas en cuatro áreas de conflicto a lo largo de la Costa del Pacífica del país durante este año. Pudimos ver de primera mano la tenacidad, la resistencia, la fuerza y la sofisticación política de las mujeres en el Chocó, Valle del Cauca y Cauca.

Durante nuestras conversaciones con mujeres afrocolombianas, nos enteramos de las complejidades del desplazamiento interno, la militarización, la violencia sexual, y los horrores de las madres que han experimentado el reclutamiento forzado de sus hijos en el conflicto. Sin embargo, más sorprendente que las historias terribles de violencia y abusos, fue el liderazgo ejercido por muchas de estas mujeres y la creencia de que su situación podría cambiar y la justicia se podría lograr si sus recomendaciones y sus esfuerzos fueran apoyados.

Las mujeres son las que lideran los esfuerzos de reconstrucción después que sucede el desplazamiento forzado. Las mujeres internamente desplazadas de Clamores, por ejemplo, sobrevivieron los desplazamientos masivos que sucedieron a finales de los años 1990 y los posteriores ataques paramilitares contra los desplazados. Después de haber perdido sus hombres a la guerra, estas mujeres fueron obligadas a atender a sus familias numerosas por su cuenta sin la ayuda de las autoridades o las habilidades necesarias para prosperar en el entorno urbano. A menudo estigmatizadas debido a su condición de desplazadas, las mujeres formaron la organización Clamores para buscar soluciones a sus dificultades. A través de Clamores se unieron sus recursos para comprar una máquina de pan que les ha permitió generar los ingresos necesarios para sobrevivir. Con perseverancia, las mujeres fueron capaces de dar a la mayor parte de sus hijos una educación secundaria.

Como activistas, las mujeres afrocolombianas se han convertido en una fuerza política de tomar en cuenta. Tal vez la mujer afrocolombiana más reconocida en el mundo es Piedad Córdoba, la ex senadora y el rostro actual de Colombianos y Colombianas por la Paz que ha ganado reconocimiento internacional por su incansable búsqueda de esfuerzos de paz, la liberación de los rehenes, los derechos de las víctimas y el desmantelamiento de las estructuras paramilitares. Sin embargo, la Sra. Córdoba es sólo una de varias mujeres afrocolombianas excepcionales que están trabajando duro para transformar la sociedad colombiana.

La Alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena, está liderando los esfuerzos de su gobierno para que la política y el gobierno sean más transparentes e inclusivos de las comunidades a las que representan. Paralelamente a esto, las mujeres que componen el grupo de base Red Departamental de Mujeres Chocoanas organizan regularmente talleres de buen gobierno sobre la rendición de cuentas y la transparencia en un esfuerzo de crear una generación de servidores públicos que romperán con la historia de esta región de connivencia con los paramilitares, la corrupción, el clientelismo y el nepotismo. En la misma región, las mujeres sobrevivientes de la masacre de Bojayá del 2002, en la cual una bomba del FARC incineró a más de 114 afrocolombianos en una iglesia, lideraron las protestas públicas instando a los grupos armados de deponer de sus armas, respetar la autonomía de sus comunidades y exigiendo la verdad, justicia y reparación para las víctimas de esta masacre espantosa.

En la región de Curvaradó, muchas comunidades son obligadas a convivir con los paramilitares. Algunos pobladores se han defendido y estableciendo "zonas humanitarias", o áreas libres de la presencia de grupos armados. Cuando grupos armados bloquearon la región, las mujeres afrocolombianas y mestizas formaron una tienda comunitaria para suministrar alimentos a sus comunidades. A pesar de las amenazas de muerte y calumnias, María Ligia Chavera, una madre de ocho y abuela de 44, sigue siendo la fundación de la lucha de estas comunidades por los derechos territoriales y la preservación de su cultura ancestral. En la cuenca del río Cacarica, Rosalba Córdoba y su organización llamada CAVIDA están organizando para detener el corte de madera ilegal y que los grupos armados invaden sus territorios.

Las mujeres del norte de Cauca han ganado prominencia después de ser ilustradas en el episodio de PBS Mujeres, Guerra y Paz: "La guerra que estamos viviendo". Demostró los esfuer
zos de varios grupos, entre ellos la Asociación de Mujeres del Norte del Cauca (ASOM) y el Proceso de Comunidades Negras (PCN), en la que las mujeres son la defensa de los derechos territoriales de las comunidades hacia la minería ilegal del oro para poder mantener a sus familias de ser desplazados y la construcción de la autonomía económica de sus hijos. En las diócesis católicas a lo largo de la costa del Pacífico (Chocó, Nariño, Cauca y Valle del Cauca), monjas y mujeres laicas trabajan juntas con los sacerdotes para ayudar a las víctimas de la violencia y la fumigación aérea. En Cali, sindicalistas afrocolombianas como Agripina Hurtado están trabajando para mejorar los derechos laborales y las condiciones de trabajo de los cortadores de caña de azúcar afrocolombianos y los otros trabajadores. En las ciudades de Colombia y en las favelas, las mujeres lideresas de AFRODES se están organizando para encontrar soluciones efectivas para la seguridad de las familias desplazadas y sus necesidades económicas.

Un informe publicado el 13 de noviembre de 2012, por el Proceso de Comunidades Negras (PCN) documenta cómo los crímenes cometidos contra las mujeres afrocolombianas son rampantes. A pesar de la adhesión de Colombia de jure a los compromisos internacionales y las leyes nacionales progresistas, en la práctica, la situación de los derechos humanos de afrocolombianos y las mujeres en particular, sigue siendo grave. La militarización de las áreas afrocolombianas ha dado lugar a incidentes mayores de violencia sexual, la explotación y el abuso contra las mujeres. Mientras que el número de homicidios disminuyó en Buenaventura desde 2003 hasta 2010, el asesinato de mujeres ha aumentado. Las amenazas de muerte y asesinatos de mujeres defensoras afrocolombianas son cada vez más frecuentes a medida de que las mujeres están aumentando sus perfiles públicos en defensa de los derechos afrocolombianos. Emblemático de esta tendencia inquietante son los asesinatos de Doña Chila de Buenaventura en 2008 y Ana Fabricia Córdoba de Medellín en 2011.

La violencia continúa realizándose a través de territorios afrocolombianos y áreas de refugio a un ritmo alarmante. En el Distrito de Agua Blanca de Cali, un sitio receptor de afrocolombianos desplazados de la Costa Pacífica, seis mujeres afrocolombianas y sus hijos, quienes son beneficiarios de medidas provisionales de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fueron declaradas "objetivos militares" por grupos armados ilegales. El 28 de octubre de 2012, unos hombres agarraron a Joiner Estiven Banguera, un niño de tres años,  y lo utilizaron para práctica de tiro hasta que su abuela y los miembros de la comunidad les rogaron que se detuvieran. Lo dejaron ir después de gritar "vieja rana (argot colombiano para un informante) mataremos a ti y a tu familia." En las últimas dos semanas, este grupo armado ilegal se ha involucrado en tiroteos con sus rivales en este barrio y han amenazó con matar a varias mujeres embarazadas, incluyendo a Ana Gloria Cabeza y sus hijos. En el 12 de noviembre, este grupo ilegal reclutaron a la fuerza a una niña menor de edad y la están obligando a participar en actos degradantes. En Buenaventura, Tumaco, Quibdó, y las afueras de Cartagena, Bogotá y Medellín, nos encontramos con situaciones parecidas, donde las mujeres tienen que defenderse y defender a sus hijos de los grupos armados ilegales y bandas criminales.

Para un proceso de paz exitoso en Colombia, la participación de las mujeres debe ser garantizada. Su aportación es necesaria no sólo en la mesa de negociación donde se hacen los planes, sino también en la implementación de los acuerdos del post-conflicto. Mientras que un acuerdo esté en las obras, ahora es el momento en que la comunidad internacional apoye las voces y acciones de las valientes mujeres activistas afrocolombianas en Colombia. Ellas serán las que asegurarán de que lo que salga del proceso de paz sea basado en la realidad y que tenga la mejor oportunidad para el éxito. WOLA sigue apoyando sus esfuerzos de fortalecer el papel de la mujer en la sociedad colombiana tal como su país avanza hacia un acuerdo de paz.

Ver también:

 “Stopping Irreparable Harm: Action on Colombia’s Afro-Colombian and Indigenous Communities Protection Crisis” (Solo Disponible en inglés. Gimena Sanchez para NOREF, 2012)

 “Rehenes en nuestros propios territories: Derechos de los afro-colombianos, bajo sitio en el Chocó” (Gimena Sánchez, 2012)

Mujeres, Guerra y Paz: La Guerra que Vivimos” (Documental de PBS, 2011)

 “Buenaventura, Colombia: Where Free Trade Meets Mass Graves”  (Solo disponible en inglés Gimena Sánchez, con Kelly Nicholls, 2011)

Illegal Mining and Paramilitary Violence in Afro-Colombian Territories” (Solo disponible en inglés. Carta al Congreso de los EE.UU, 2012)