11 Mar 2011 | Análisis | Noticias

Próximo Viaje de Presidente Obama a Latinoamérica

 

Cuando el Presidente Obama viaje a Brasil, Chile y El Salvador desde el 19 de marzo al 23, se encontrará con una región muy diferente a la que sus predecesores visitaron. Hace una generación, la región era un poco como el sistema solar, sus países girando apretadamente alrededor del “sol” del poder político, económico y militar de EE.UU. Hoy, este poder se ha disminuido. Los “planetas” ahora están determinando sus propias orbitas independientes y algunos se están convirtiendo en sus propios “soles,” mientras que otras “estrellas” (China, India, Europa) están ejerciendo una atracción gravitacional más fuerte.

Aunque la percepción latinoamericana hacia los Estados Unidos ha mejorado desde su punto bajo durante la administración de Bush, nuestro país dejó de ser el actor principal en las vidas económicas de la mayoría de los países latinoamericanos tanto en comercio como asistencia. Como resultado, lleva consigo mucho menos peso político. Aunque no es su intención, el viaje del presidente Obama hará hincapié en que la épocaindiscutible del liderazgo de EE.UU. ha terminado.  Hasta el Presidente reconoció en la Cumbre de las Américas en 2009 la necesidad de construir una “asociación entre iguales”  con los otros estados en la región.

En esta nueva realidad, la Casa Blanca ha hecho una decisión astuta cuando escogió los países para visitar. Cada uno cuenta con un gran valor simbólico.

•  En Brasil, las discusiones del Presidente Obama con la Presidenta Dilma Rousseff destacarán el poder global y la influencia de este gigante de América del Sur que rápidamente está creciendo. También puede marcar una notable mejoría en el tono de las relaciones de EE.UU. con el gobierno de Rousseff, que asumió el poder en enero.

• En Brasil y Chile, el presidente Obama reconocerá el éxito de las transiciones largas y difíciles de una dictadura militar a la democracia. Ambos países todavía están tratando de descubrir la verdad sobre los abusos masivos contra los derechos humanos cometidos antes de que esas transiciones se iniciaran y enjuiciar a los responsables por los peores abusos.El presidente haría bien en reconocer estos importantes esfuerzos.

•  En El Salvador, el Presidente conmemorará una transición exitosa de la guerra civil a la paz estable, con una democracia tan saludable que, tras sus elecciones de 2009, tuvo una transición fluida del poder a la oposición: el partido de la ex insurgencia guerrillera.

 

El viaje del presidente Obama también es importante por lo que “no se trata." Esto no es una visita impulsada por percepciones de amenaza a EE.UU. A menos que sea dentro de los debates sobre la seguridad pública y el crimen organizado, las drogas – y la “guerra” de EE.UU. contra ellas – no están en la agenda. Tampoco debemos esperar mucha discusión sobre el terrorismo, ni Irán y ni siquiera Venezuela. Un enfoque en las oportunidades en vez de las amenazas está muy bienvenido.

Sin embargo, no todos los mensajes serán positivos. En una época de menos poder y recortes presupuestarios, el presidente Obama va a llegar en gran medida con las manos vacías. Hay relativamente poca nueva asistencia económica para ofrecerle a la región, mucho de lo que la Administración puede proponer es una reprogramación para atender las necesidades prioritarias, mejorar la coordinación y proveer asistencia técnica. Esto es importante pero no sustituye nueva asistencia y nuevas iniciativas. Podemos esperar pocas ofertas de apoyo económico, como también pocos compromisos de gastar un sustancial capital político. La administración, aunque da su apoyo, probablemente no hará un compromiso político importante para ayudar a América Latina a solucionar lo que las encuestas de opinión muestran son las principales preocupaciones de la región: la seguridad pública, el desempleo, la debilidad de las instituciones y la migración.

Aunque probablemente la delincuencia y la violencia sean mencionadas en Brasil y El Salvador, lo más que el Presidente Obama va a ofrecer será un compromiso de mantener los actuales modestos niveles de apoyo para fortalecer la policía y las instituciones judiciales. En cuanto a la economía y el empleo, el Presidente visitará Chile y Brasil, cuyas tasas de crecimiento sobrepasan la nuestra. En su visita a El Salvador, cuya economía está empezando a recuperarse después de la crisis financiera que azotó los Estados Unidos, es probable que el Presidente apoye los esfuerzos dirigidos contra la pobreza, pero ninguna nueva iniciativa importante.  Fortalecer las instituciones requiere el apoyo a reformadores tanto del gobierno como de la sociedad civil, la que incluye a los y las defensores de los derechos humanos y líderes de los sindicatos y movimientos sociales – algo en el que los EE.UU. no tienen el mejor record. Sobre la migración – un tema que parece intocable ahora en Washington – se puede esperar poco. (El Salvador busca una solución de largo plazo para la situación de los doscientos mil salvadoreños todavía aquí con una "protección temporal", pero ninguna solución inmediata está a la mano.) Nosotros, escucharemos palabras como "coalición" y "intercambio" utilizadas muy fuertemente y en varias ocasiones en el curso de este viaje. Éste es sin duda el tono adecuado a seguir. Sin embargo, esas palabras tienen poco significado si no vienen con el compromiso de dedicar recursos – tanto políticos como financieros – para apoyar a nuestros "socios" frente a sus propias preocupaciones, aunque de vez en cuando a los votantes en EE.UU. no les gusta. Socios verdaderos también están dispuestos a admitir cuando las políticas no funcionan, en vez de seguir ciegamente hacia adelante como hemos hecho en Cuba, con la guerra contra las drogas, la política comercial y en otros casos. América Latina ya no gira en torno al “sol” de EE.UU. y nuestra política hacia la región ya no puede actuar como si lo hiciera. Esperemos que el tono y el contenido de la visita del Presidente reflejen eso.