29 Nov 2011 | Análisis | Noticias

Reconstruir El Salvador de Manera Sostenible

Por Vicki Gass

Oficiales nacionales e internacionales en El Salvador lo nombran como uno de los peores desastres en la historia del país. ¿Qué pudo haber sido peor que la guerra civil de los 80, que arrebató más de 70,000 vidas? ¿Qué pudo haber sido aun peor que el huracán Mitch, el cual arremetió a la región por más de 10 días en 1998? Fue la depresión tropical 12-E, una tormenta que en el transcurso de diez días en octubre diluvió al país con más de cinco pies de agua, ocasionando inundaciones y deslaves de tierra masivos y forzando el traslado de 60,000 personas a albergues.

Quizás su nombre anodino fue lo que impidió que la crisis atrajera la atención internacional, sin embargo la destrucción económica que el diluvio ocasionó es de una magnitud que merece una respuesta internacional. Aunque menos vidas se perdieron (34 a comparación de 10,000 de Mitch), debido al sistema de prevención que se estableció después del paso de Mitch, las autoridades estiman que los daños sobrepasan los $840 millones en pérdidas económicas, afectando 181 municipios en los 14 departamentos del país. La infraestructura del país quedó en ruinas; 40 por ciento de las carreteras, 23 puentes, 500 escuelas, y centenares de casas fueron destrozadas. El sector más afectado fue el de la agricultura, que constituye 11 por ciento del PIB y emplea a 30 por ciento de la población. Más de 270,000 productores (mayormente agricultores de pequeña-escala) cuyas cosechas de granos y cereales sufrieron estragos—alimentos básicos de la dieta salvadoreña, con el resultado de inseguridad alimentaria a corto y largo plazo.

El gobierno del Presidente Funes estima que costará más de USD$1.5 mil-millones para reconstruir El Salvador. Es precisamente por el extenso daño a la infraestructura y al sector agrícola del país, que muchos salvadoreños nombran este el peor desastre en la historia de El Salvador. Con escasos recursos financieros con que reconstruirse, El Salvador tendrá que acudir hacia el exterior para asistencia. Aunque El Salvador es calificado como un país de ingresos medianos, aun tiene un alto índice de pobreza, en especial dentro del sector rural. La falta de oportunidades de empleo es una de las razones por las cuales los salvadoreños se arriesgan ir a los Estados Unidos para tomar trabajos que les permitan mandar remesas a sus familias. (Para más información, ver aquí—enlace en inglés). 

Claramente este no es el primer desastre en afectar a El Salvador, pero hay temor de que haya más por venir. Las Naciones Unidas considera América Central como una de las regiones más afectadas por el cambio climático; en los últimos 40 años, los desastres naturales han matado a más de 50,000 personas y causado daños que sobrepasan los cientos de millones. Los oficiales en El Salvador atribuyen el reciente diluvio al cambio climático. Raúl Artiga de la Comisión Americana para el Ambiente y el Desarrollo ha declarado que “el cambio climático no es algo que va ocurrir en el futuro; ya estamos sufriendo de sus estragos.”

El Ministro del Ambiente Herman Rosa Chávez está llamando a un proceso de reconstrucción en El Salvador que tome en cuenta el cambio climático, para poder mitigar los efectos de desastres en el futuro y prevenir el desperdicio de los limitados recursos financieros. Estudios demuestran que la inversión en agricultura sostenible a pequeña-escala incrementa la resiliencia de un país a eventos climáticos extremos, fortalece la seguridad alimentaria, y contribuye al desarrollo económico en el sector rural. Un trabajo decente, comida para los niños, y una reducida amenaza de los futuros desastres naturales son una poderosa ancla para prevenir que la gente se convierta en refugiados a causa del cambió climático.  

Una delegación de ambas bancadas del Congreso estadounidense viajó a El Salvador la segunda semana de noviembre. Uno solo puede esperar que al haber observado la destrucción de primera-mano pueda incrementar la asistencia de emergencia por parte de los Estados Unidos y la ayuda para la reconstrucción del país. Esto es poco probable dado la anémica voluntad para asistencia al exterior por parte de la Cámara de Representantes, controlada por los Republicanos y el contexto de los debates en ambos partidos en torno a los cortes de presupuesto. Sin embargo, en diciembre, donadores internacionales bilaterales y multilaterales se reunirán para coordinar una respuesta al desastre. Los donantes deberán poner atención al llamado del ministro Chávez, dirigiendo sus contribuciones al sector rural e invirtiendo en agricultura sostenible para fortalecer la resiliencia contra futuros desastres.

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Vicki Gass es la coordinadora principal del programa de Derechos y Desarrollo en WOLA. Gass ha trabajado en temas de justicia social y económica en América Central, y ha vivido tanto en El Salvador como en Honduras. Senior Associate for Rights and Development. 
 
(Este articulo orginalmente se publicó en inglés en The Huffington Post y ha sido traducido por WOLA. Ver aquí para el original.)