1 May 2018 | Análisis

Cooperación de seguridad entre Estados Unidos y Cuba después del 17 de diciembre: retos y oportunidades

La geografía compulsa a Estados Unidos y Cuba a ciertos tipos de cooperación. Como señaló Fidel Castro en una entrevista en 1974, “Nosotros no nos podemos mudar, tampoco Estados Unidos… Somos vecinos” (Mankiewicz y Jones, 1975). El hecho de que los dos países estén ubicados tan cerca el uno del otro significa que los viajes y el comercio sean prácticamente inevitables, que las cuestiones de seguridad relacionadas con esos viajes y el comercio emergerán, y que los dos países tendrán que atender, al menos algunos de estos problemas conjuntamente. Habrá una gama de temas de seguridad, incluyendo asuntos de seguridad de fronteras relacionados con el tráfico humano y el contrabando; temas de seguridad marítima y aérea, relacionados con la seguridad de los viajes, de las embarcaciones, de los aviones y del transporte de carga entre los dos países; amenazas ambientales, desafíos relacionados con desastres naturales en áreas fronterizas compartidas y a través de ellas. Las agencias encargadas de garantizar la seguridad de estos y otros temas en ambos países tendrán necesariamente desarrolar relaciones.

Además de la geografía, las realidades de la integración de Cuba al hemisferio (y al mundo crecientemente globalizado) a través del comercio, los viajes y la interacción social y política obliga a la colaboración. Las relaciones internacionales de Cuba ya la han conducido a comenzar a considerar temas de seguridad transnacional como el lavado de dinero, los crímenes financieros y los cibercrímenes. Según se normalicen las relaciones con Estados Unidos con el paso del tiempo, el diálogo y la cooperación sobre estos temas que trascienden las fronteras se harán imperativos también.

 

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