6 Dec 2012 | Análisis | Noticias

La tregua en El Salvador: A pesar de incertidumbre, oportunidades para fortalecer esfuerzos para la prevención

El 10 de marzo, líderes encarcelados de las dos maras más grandes en El Salvador, la MS-13 (Mara Salvatrucha) y la Barrio 18, anunciaron una tregua, suspendiendo conflictos de violencia entre las dos maras. Los líderes pandilleros sostuvieron unas series de reuniones, según se dice fueron mediadas por Monseñor Fabio Colindres, el jefe capellán de las fuerzas armadas y de la policía, y Raúl Mijango, antiguo comandante de la FMLN del nivel medio y  consejero para el Ministerio de Seguridad Pública, el General retirado Munguía Payés, cuando Munguía fue Ministro de Defensa. Casi a los dos meses después, los líderes anunciaron que iban a extender su alto a fuego a las zonas escolares, así como poner fin al reclutamiento forzoso. Lo más recién, como parte de la tregua, las maras entregaron alrededor de 80 armas de fuego como demostración de buena voluntad. La tregua, que se ha sostenido por casi 150 días, ha conducido a una dramática reducción en los homicidios, que han caído desde un promedio de 12 por día a 5 por día.

Muchos tienen dudas sobre la tregua y su sostenibilidad. Encarcelados, los líderes pandilleros resolvieron la tregua, afirmando que estaban fatigados de la violencia y ansiosos por ver paz en las calles. Algunos observadores no están convencidos de los motivos indicados. Algunos creen que funcionarios, a pesar de sus afirmaciones de que no hicieron nada más que facilitar las reuniones entre miembros de las maras y mover los líderes a cárceles con mejores condiciones, como un gesto de buena voluntad, ocultamente negociaron con las maras, quizás ofreciendo concesiones a cambio de una tasa de homicidios más baja. Otros se preocupan que aunque los líderes sean sinceros, ellos tendrán problemas sosteniendo la tregua porque no serán exitosos en implementarlo a las clicas pandilleros en las calles. Algunos han planteado la preocupación de que si bien existe una fuerte evidencia de que los homicidios han disminuido, existen dudas sobre si las extorsiones y las desapariciones han aumentado en el mismo período de tiempo.

Es difícil juzgar muchos de estos temas. Entre ellos mismos los líderes pandilleros han estado en discusiones por un tiempo, y uno puede imaginar que los líderes encarcelados podrían haber llegado a sentir que la muerte violenta de los jóvenes era innecesaria. Es más difícil imaginar ese sentido de fatigación con la violencia siendo tan fuerte entre los líderes y los miembros de las clicas en las calles.Esta situación plantea la cuestión de la duración de la lealtad a los líderes encarcelados se puede sostener y qué tipo de incentivos tienen que ser ofrecidos para que los clicas a niveles callejeros pueden mantener la paz.

El dialogo que llevó a cabo a la tregua fue, no sorprendentemente, conducido en secreto.Qué papeles Monseñor Colindres y Raúl Mijango jugaron y qué discusiones tuvieron con funcionarios del gobierno y/o jefes de las maras es desconocida. El Presidente Funes y el Ministro de Seguridad Pública niegan que el gobierno no desempeño ningún papel en el proceso, aunque Munguía ha afirmado públicamente que la tregua era parte de su estrategia integral.

Estas son preocupaciones graves que deben tener respuesta si la tregua actual entre las maras ha de evolucionar hacia un diálogo serio con el gobierno y la sociedad.

Dicho esto, es importante reconocer que la tregua ha durado más de lo que cualquier persona había esperado, las tasas de homicidio han bajado dramáticamente, salvando a muchas vidas. Líderes encarcelados han demostrado tanto la capacidad de la lealtad de los miembros de maras en la calle y la voluntad de reducir la violencia, que es más de lo que la mayor parte los observadores anticipó, y deben recibir el crédito para eso. El escepticismo sobre los motivos y preguntas legítimas acerca de la sostenibilidad no debe impedirnos ver los beneficios reales que se han hecho.

Más allá de esto, la tregua actual abre una tremenda oportunidad: la sociedad salvadoreña, el gobierno salvadoreño, el sector privado salvadoreño, y los donantes internacionales deben actuar rápidamente para usar la pausa en la violencia para ayudar a instalar los programas de servicio social y de empleo en algunos de las comunidades más pobres y plagadas por las maras, de una manera que responde a las necesidades reales de aquellas comunidades más afectadas por la violencia. La administración de Funes debe aprovecharse de este momento para trabajar con la sociedad salvadoreña en el desarrollo de una estrategia antimara sólida, de largo plazo, e integral que pone énfasis en la prevención de la violencia, la reintegración y la rehabilitación. El movimiento rápido de cantidades, aunque sean pequeñas, de dinero, hacia los centros comunitarios, programas de capacitación laboral y otras actividades relevantes podría enviar un mensaje importante y positivo que podría ayudar a convertir la reducción de la violencia en el corto plazo a la disminución de largo plazo de la delincuencia y los índices de violencia.

No se tiene que confiar en la tregua para ver la oportunidad que presenta.